Quince años después vuelve a haber tiendas de campaña en Sol, y la diferencia está en cómo se convocó
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- sofia_salas

Anoche se montaron tiendas de campaña en la Puerta del Sol. La convocatoria viene del Sindicato de Inquilinas, después de una marcha por la vivienda, y forma parte de una jornada en alrededor de cuarenta ciudades.
La foto es inevitablemente la misma que la de mayo de 2011. Lo que no es lo mismo, y es de lo que va esto, es la maquinaria que hay detrás de cada una.
Cómo se llenó aquella plaza
El 15 de mayo de 2011 la gente que se quedó a dormir en Sol no había sido convocada por ninguna organización con sede. Venía de una manifestación que había salido de un llamamiento hecho en internet, y lo que mantuvo aquello en pie durante semanas fue una mezcla de herramientas que hoy suena antigua: blogs, foros, listas de correo, Twitter cuando todavía eran ciento cuarenta caracteres, y mensajes de móvil.
Ninguna de esas herramientas tenía un botón de «convocar». Se usó lo que había, forzándolo. Y funcionó con una potencia que sorprendió a todo el mundo, incluidos los que estaban dentro.
La acampada se mantuvo hasta finales de junio.
Lo que aquello tenía de bueno y de malo era lo mismo
No había centro. Nadie podía hablar en nombre de todos, las decisiones salían de asambleas larguísimas, y las propuestas se discutían en comisiones abiertas donde entraba cualquiera.
Eso le dio dos cosas a la vez. Una legitimidad enorme, porque no se podía acusar a nadie de manejar aquello desde una oficina. Y una dificultad brutal para producir algo concreto que pudiera aceptarse o rechazarse, porque para eso hace falta que alguien redacte y alguien firme.
Quien estuvo en alguna de aquellas asambleas se acuerda del turno de palabra y de las manos moviéndose en el aire. También se acuerda de las tres horas.
Y ahora mira lo de ahora
La acampada de esta semana la convoca una organización con nombre, con portavoces que dan declaraciones y con un documento de cinco medidas al que le han puesto título. Hay una fecha concreta en la que exigen que se apruebe, y un interlocutor concreto al que se lo exigen.
Eso no es una plaza espontánea. Es una campaña.
Y aquí está lo que a mí me parece lo interesante para quien mire internet: no es que la gente haya dejado de organizarse en red. Es que la organización en red aprendió a convertirse en estructura.
El camino de en medio, que duró años
Entre una cosa y la otra hay quince años de aprendizaje que no salen en las fotos.
Las plataformas cambiaron: de los foros y los blogs se pasó a los grupos de mensajería cerrados, que son mucho mejores para coordinar y mucho peores para deliberar en abierto. Un foro dejaba rastro público y se podía leer años después; un grupo de mensajería no deja nada y además lo lee solo quien está dentro.
Eso ha tenido un efecto que se nota: hoy se convoca mejor y se discute menos en público. La capacidad de sacar gente a la calle en cuarenta ciudades el mismo día es muy superior a la de 2011. La conversación abierta previa, la de las comisiones y los hilos, es mucho menor.
Y hay una consecuencia práctica que se ve en la cobertura de hoy: cuando la deliberación ocurre en canales cerrados, lo que llega fuera es el resultado empaquetado, con su nombre y su lema. Más eficaz y más opaco.
Qué queda de 2011
De la acampada de entonces quedó poco en forma de edificio y bastante en forma de costumbre. La idea de que una convocatoria puede nacer sin partido detrás, la normalidad de organizarse por internet para algo que ocurre en la calle, y una generación entera que aprendió que eso se podía hacer.
De las webs y los foros de aquel momento, en cambio, no queda casi nada. Muchos cerraron, otros se dejaron caducar y sus contenidos se perdieron. Esa es una constante triste de esta casa: lo que se organizó en plataformas ajenas desapareció con las plataformas.
El apunte para quien esté en una de estas ahora
Si estás organizando algo y toda la memoria está en un grupo de mensajería, dentro de cinco años no vas a poder contar cómo se decidió nada. Ni tú ni nadie.
Lo que sobrevive es lo que se publicó en un sitio propio. En 2011 eso eran los blogs. Hoy sigue siendo lo mismo, y sigue costando lo mismo: un dominio y un rato.