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El algoritmo de YouTube desenterró un género japonés de los ochenta y nadie lo decidió

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sofia_salas
El algoritmo de YouTube desenterró un género japonés de los ochenta y nadie lo decidió

Marzo de 2018. Un canal de YouTube llamado Plastic Lover, que tenía subida una canción japonesa de 1984 con una carátula fija, empieza a ganar suscriptores a un ritmo que no se corresponde con nada que haya hecho su dueño. El pico va del 17 de marzo al 5 de abril.

Nadie había hecho campaña. No había prensa. Lo que había pasado es que el sistema de recomendaciones de YouTube había decidido, por razones que nadie de fuera puede reconstruir, enseñar ese vídeo a mucha gente.

Qué era exactamente aquello

Paisaje del tipo que ilustraba las portadas del city pop: piscina, palmeras y nadie dentro.
Paisaje del tipo que ilustraba las portadas del city pop: piscina, palmeras y nadie dentro. Imagen generada con inteligencia artificial para este artículo. No es una obra de Hiroshi Nagai.

La canción se llama Plastic Love y es de Mariya Takeuchi. Salió en 1984 en Japón.

Pertenece a lo que se llamó después city pop: música japonesa de finales de los setenta y los ochenta, hecha con muchísimo presupuesto, con músicos de estudio buenísimos, pensada para escucharse en un coche bueno con el aire acondicionado puesto. Sonaba a un país que se estaba haciendo rico muy deprisa.

Fuera de Japón no la conocía prácticamente nadie. No se exportó, no se reeditó en occidente, y buena parte del catálogo ni siquiera estaba en las plataformas de streaming.

Lo que la sostenía, y por eso estaba ahí

Mariya Takeuchi -  Plastic Love (Official Music Video)
Mariya Takeuchi – Plastic Love (Official Music Video) · canal Mariya Takeuchi. Al pulsar se carga el reproductor de YouTube.
La misma fórmula, con carretera y un coche aparcado.
La misma fórmula, con carretera y un coche aparcado. Imagen generada con inteligencia artificial para este artículo. No es una obra de Hiroshi Nagai.

La subida del usuario Plastic Lover, de mediados de 2017, era un remix extendido de ocho minutos con una imagen fija. Ese formato, un vídeo largo de audio con una portada quieta, era y sigue siendo uno de los que mejor funcionan en el sistema de recomendación: la gente lo deja puesto, el tiempo de reproducción es alto, y el algoritmo interpreta eso como calidad.

No hacía falta que nadie lo buscara. Bastaba con que apareciera al lado de otra cosa.

Lo que vino detrás

Del vídeo salió un género entero para el público occidental. Detrás de Plastic Love llegaron Mayonaka no Door, Anri, Tatsuro Yamashita, y la industria japonesa acabó reeditando en vinilo discos que llevaban treinta años agotados.

Y enganchó con dos cosas que ya estaban pasando en internet: el vaporwave y el future funk, que se alimentaban justamente de trocear música japonesa de aquella época y ponerle encima una estética de centro comercial de 1987.

Y aquí es donde aparece un ilustrador

Aquella oleada no traía solo canciones. Traía portadas.

El hombre que había pintado buena parte de ellas se llama Hiroshi Nagai, nació en Tokushima en 1947 y llevaba desde finales de los setenta haciendo las carátulas del género. La más conocida es la de A Long Vacation, de Eiichi Ohtaki, de 1981.

Piscinas azules, palmeras, coches aparcados, hoteles bajos, cielos sin una nube y ni una sola persona dentro del cuadro.

Cuarenta años después, esas imágenes se convirtieron en el aspecto visual de medio internet: miniaturas de vídeos, fondos de escritorio, portadas de listas de reproducción. Mucha de la gente que las usaba no sabía de quién eran.

Qué queda de todo esto

Queda un catálogo reeditado y un ilustrador de casi ochenta años con exposiciones y con una generación nueva de seguidores que llegó a él por una miniatura.

Y queda una pregunta incómoda sobre cómo funciona hoy la memoria cultural. Durante décadas, lo que se rescataba del pasado lo decidía alguien: un crítico, un sello, una reedición, una película que usaba una canción. Aquí no decidió nadie identificable.

Una máquina de recomendar detectó que cierto vídeo retenía a la gente y lo puso delante de millones de personas. El resultado fue devolver a la vida un género y a un pintor. Pudo haber sido otro, y con la misma lógica hay miles de cosas que siguen enterradas porque ningún vídeo suyo llegó a retener a nadie el tiempo suficiente.