Tu navegador dice llamarse Mozilla y lleva treinta años mintiendo
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- sofia_salas

Abre tu navegador, entra en la consola de desarrollo y escribe navigator.userAgent. Si usas Chrome en Windows te va a devolver algo muy parecido a esto:
Mozilla/5.0 (Windows NT 10.0; Win64; x64) AppleWebKit/537.36 (KHTML, like Gecko) Chrome/128.0.0.0 Safari/537.36
Léelo despacio. Tu navegador afirma ser Mozilla. Después afirma ser AppleWebKit. Después dice que es como Gecko. Después dice ser Chrome, que es lo único cierto de la frase. Y remata diciendo que es Safari.
Eso no es un error de programación ni una broma de alguien. Es una cicatriz, y tiene fecha.
1994: el que puso el nombre
Cuando Netscape sacó su navegador, se identificaba ante los servidores como Mozilla, el nombre en clave del proyecto. Netscape hacía cosas que el Mosaic original no hacía: marcos, imágenes de fondo, y unas cuantas etiquetas propias.
Así que los administradores de servidores empezaron a hacer algo razonable. Miraban ese texto, y si ponía «Mozilla» servían la página buena, con marcos. Si no, servían la versión pobre.
Ahí quedó armada la trampa, y nadie se dio cuenta hasta que fue tarde.
1996: el que copió el nombre
Microsoft sacó Internet Explorer y se encontró con que sí sabía hacer marcos, pero los servidores le mandaban la versión pobre porque no se llamaba Mozilla.
La solución fue tan pragmática como desvergonzada: Internet Explorer empezó a identificarse como Mozilla/4.0 (compatible; MSIE 4.0; Windows NT).
Es decir, se presentaba como el navegador de su competidor, y metía su nombre real entre paréntesis, como un aparte. Funcionó. Los servidores le daban la página buena, y a partir de ese día la cadena de identificación dejó de ser una descripción para convertirse en una contraseña.
Es la decisión concreta que explica todo lo que vino después. Una vez que mentir funciona, no mentir te deja fuera.
2003 y 2008: los que heredaron la mentira
Cuando Apple sacó Safari, hizo lo mismo por el mismo motivo. Su motor se llamaba WebKit y venía de KHTML, el motor del navegador de KDE. Para que los servidores no le sirvieran la versión pobre, se presentó como Mozilla, añadió AppleWebKit, y puso (KHTML, like Gecko): literalmente, «soy KHTML, y me parezco a Gecko», el motor de Firefox.
Cuando Google sacó Chrome, usó WebKit. Y para que todo lo que ya funcionaba con Safari funcionara con Chrome, copió la cadena entera de Safari y le añadió su nombre.
Por eso Chrome dice hoy ser cuatro cosas que no es. No queda nadie que lo quisiera así: queda la capa de sedimento de treinta años en los que cada navegador tuvo que fingir ser el anterior para que le dejaran entrar.
Qué lo sostenía
Conviene decir por qué esto duró tanto, porque no fue por pereza.
Duró porque la web no se puede actualizar. No hay una versión nueva que instalen todos a la vez. Hay millones de servidores con código escrito hace veinte años por gente que ya no trabaja ahí, y ese código sigue mirando si pone «Mozilla». Romper esa cadena significa que alguna de esas páginas deja de funcionar, y el usuario no culpa a la página: culpa al navegador.
Google lo intentó. Anunció en 2020 que iba a reducir progresivamente la información de esa cadena y sustituirla por un mecanismo nuevo. Llevamos años en ese proceso y la cadena sigue empezando por Mozilla. Va a seguir estando ahí cuando nosotros no estemos.
2026: el que ya no finge ser un navegador, finge ser una persona
La razón de contar todo esto hoy es que este mes se ha hecho popular una herramienta llamada Obscura: un motor de navegador escrito en Rust, con licencia Apache 2.0 y veintisiete mil ochocientas estrellas en GitHub, hecho para que lo manejen programas y agentes de inteligencia artificial.
Entre lo que ofrece hay una modalidad que genera una huella distinta en cada sesión: tarjeta gráfica declarada, resolución de pantalla, dibujo en canvas, huella de audio, nivel de batería. Y oculta la señal que delata que hay un programa al mando.
Es exactamente la misma jugada de Internet Explorer en 1996, treinta años después y con mejor ingeniería. Lo que ha cambiado es el destinatario de la mentira.
En 1996 un navegador fingía ser otro navegador para que el servidor le sirviera la página buena. En 2026 un programa finge ser una persona para que el servidor le sirva la página, a secas.
Qué queda de todo aquello
Queda que la identificación voluntaria en internet nunca funcionó y nunca iba a funcionar. Fue un campo de texto libre donde cada uno escribía lo que le convenía, y el sistema entero se construyó encima igualmente.
Queda también un aviso para lo que viene. Ahora mismo se está discutiendo cómo deberían identificarse los agentes de inteligencia artificial al navegar, y hay propuestas de que lo declaren honestamente en la cabecera.
Cualquiera que se sepa esta historia puede decir cómo acaba eso. Los que se identifiquen honestamente serán los que no tenían nada que ganar ocultándose. Los demás escribirán lo que haga falta, igual que llevan escribiendo «Mozilla» desde 1996.