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Trovadores
Archivo rescatado de la blogosfera española, 2003-2006

Menéame llevó 319.617 visitas a una sola web en 2007 y en 2026 su noticia más leída se queda en 27.127

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sofia_salas
Menéame llevó 319.617 visitas a una sola web en 2007 y en 2026 su noticia más leída se queda en 27.127

El 3 de agosto de 2008, un domingo, Enrique Dans se puso a mirar las estadísticas de su blog y le salió un número raro: seis mil trescientas visitas más que el sábado. Ese mismo día escribió Anatomía del Efecto Menéame para intentar explicar el fenómeno. Y Dans era de los grandes, con servidor decente y costumbre de recibir gente.

Para casi todos los demás, la escena era otra. Uno se enteraba de que estaba en portada de menéame porque su web dejaba de cargar. Primero se ponía lenta, luego el hosting compartido devolvía un error, y al rato el proveedor mandaba un correo avisando de que estabas consumiendo los recursos de los otros treinta clientes del servidor. La conversación estaba pasando en tu casa y tú eras el único que no podía entrar.

Una cola, unos votos y un número entre 0 y 20

Menéame se hizo público el 7 de diciembre de 2005, y cinco días después, el 12, su código se publicó como software libre bajo licencia Affero GPL. Lo montaron Ricardo Galli, profesor de informática en la Universitat de les Illes Balears, y Benjamí Villoslada. La referencia era Digg, el agregador estadounidense de 2004, pero en español y con las tripas abiertas.

El mecanismo era sencillo de contar y endiablado de afinar. Cualquiera enviaba un enlace con un título y dos líneas de resumen. Ese envío no aparecía en portada: caía en la cola de pendientes, una lista donde competía con todo lo que había entrado esa hora. Ahí la gente votaba. Los usuarios registrados podían votar a favor, votar en contra con un motivo —duplicada, errónea, sensacionalista, cansino, spam— y comentar; los anónimos solo podían empujar hacia arriba.

La pieza que lo cambiaba todo era el karma. Cada cuenta tenía un valor entre 0 y 20 que dependía de su comportamiento pasado, y lo que decidía si una noticia subía a portada no era el número de votos, sino la suma del karma de quienes la habían votado. Diez votos de cuentas veteranas valían más que cuarenta de recién llegados. El sistema se retocó decenas de veces en veinte años, siempre por lo mismo: alguien encontraba la manera de moverlo y había que cambiar la fórmula.

Por qué la portada tumbaba un servidor

El efecto no venía del volumen total, sino de su forma. Una noticia que promocionaba se colocaba arriba del todo y recibía la mayor parte de sus visitas en las dos o tres horas siguientes. Un blog acostumbrado a doscientas visitas al día se comía varios miles en una tarde, con picos de decenas por segundo, y en 2007 casi nadie tenía caché, ni CDN, ni un WordPress capaz de servir páginas estáticas. Se caía. Cada portada dejaba dos aprendizajes: uno sobre el tráfico y otro sobre la infraestructura que hacía falta para aguantarlo.

Menéame publica el histórico de la entrada más visitada de cada año, y ahí se ve la curva completa:

Año Visitas de la noticia más vista
2005 15.741
2007 319.617
2008 132.364
2015 264.076
2019 308.649
2020 277.258
2022 30.418
2026 (en curso) 27.127

El pico de 2007 no se ha vuelto a superar salvo por el repunte de 2019, con la discusión de la directiva europea de derechos de autor, y el de 2020, con la pandemia. Desde 2021 ninguna entrada del año ha pasado de 80.000 visitas.

El karma premiaba acertar, no elegir

Aquí está la trampa de diseño que marcó la cultura del sitio. El karma subía cuando lo que enviabas llegaba a portada, y también cuando votabas cosas que después llegaban a portada. Es decir, el sistema pagaba por adivinar al ganador. Quien patrullaba la cola de pendientes aprendía rápido que votar lo que ya iba subiendo era más rentable que votar lo que le parecía bueno.

De ahí salió todo lo demás: los usuarios que vivían en la cola, las acusaciones de clanes que se votaban entre ellos, los negativos usados como arma para hundir a alguien antes de que promocionara, y las peleas periódicas sobre si el sitio estaba capturado por un grupo u otro. En agosto de 2014, Francisco R. Villatoro dedicó un artículo entero en Naukas a los lobbies de menéame, con el grafo de quién votaba con quién. La discusión sobre el karma nunca se cerró porque no tenía cierre posible: cualquier fórmula que reparta influencia crea un incentivo para acumularla.

Se aprendió a titular en la cola

El envío obligaba a reescribir el titular del medio, porque el del medio estaba pensado para alguien que ya estaba dentro del periódico y el de la cola competía con otros doscientos. Se descubrió lo que funcionaba: el dato dentro del título, la afirmación rotunda, la cita entrecomillada, el sujeto identificable. Y el sitio tenía a la vez un botón para castigar el exceso, el negativo por sensacionalista. Esa tensión —titula fuerte, pero no tanto que te lo tumben— fue una escuela para media blogosfera, y unos años después los mismos trucos aparecieron en las portadas de los medios grandes, ya sin el botón de castigo.

El código libre repartió la fórmula: nacieron La Tafanera en catalán (2006, ya cerrada), Chuza! en gallego, mediatize en euskera desde 2016.

Nunca ganó el dinero que movía

Martín Varsavsky compró el 10% en noviembre de 2006 y subió al 33% a finales de 2007. Aun así, el negocio jamás estuvo a la altura del tráfico. Cuando Galli dejó la dirección, en febrero de 2016 y agotado tras diez años, señaló ese fallo por su nombre: no haber conseguido ingresos ni crecimiento acordes a las visitas que tenía el sitio. El relevo lo cogieron Remo Domingo y Daniel Seijo. En julio de 2019 menéame todavía figuraba en el puesto 129 de España según Alexa. Las cuentas de 2024 cerraron con 87.817,40 euros de ingresos y 37.787,42 de pérdidas.

Qué queda

Menéame sigue abierto, con su cola, su karma y sus discusiones de siempre, ahora con una comunidad pequeña y muy asentada. El mecanismo, en cambio, se fue: primero a Twitter, donde la portada era el trending topic y no había cola visible; después a los sistemas de recomendación, donde ya no se ve quién vota ni cuánto pesa cada voto. Lo que hacía distinto a aquel agregador es que las reglas estaban escritas, el código se podía leer y, cuando alguien encontraba la grieta, la discusión sobre cómo taparla ocurría a la vista de todos.