ContaPlus, Salesforce y la cuota mensual: historia del software como servicio contada desde España
- Publicado
- Sección
- General
- Firma
- sofia_salas

La historia del software como servicio suele contarse desde San Francisco, pero en España tiene un prólogo de disquetes y gestorías. A principios de los noventa, el programa de contabilidad de una pyme española se compraba en una caja, se instalaba desde varios disquetes en el ordenador de la oficina y se usaba durante años sin pagar nada más. Treinta años después, ese mismo programa se paga cada mes y vive en un servidor ajeno.
1990: la reforma contable y la caja de ContaPlus
ContaPlus nació a finales de 1985 en el Grupo SP, y su gran momento llegó en 1990, cuando se reformó la normativa contable española y las empresas tuvieron que adaptar su contabilidad. Según su ficha en Wikipedia, el programa se impuso gracias a una buena red de distribución y a un precio competitivo. Fue el modelo que dominó la década: un paquete estándar, una licencia que se pagaba una vez y versiones nuevas cuando cambiaba la ley.
Antes de los paquetes, y durante mucho tiempo en paralelo a ellos, el software de una empresa mediana se encargaba a medida. Lo hacía la empresa de informática del barrio o de la provincia, a menudo para un único cliente, y el programa se quedaba en la oficina como se quedaba la fotocopiadora. Ese oficio tiene una genealogía larga: la primera empresa fundada para vender software y servicios fue Computer Usage Company, en 1955. Hasta entonces, los ordenadores los programaban sus propios clientes o los pocos fabricantes que había, como IBM o Sperry Rand.
La historia del software como servicio empieza en el tiempo compartido
La idea de usar un programa que no está en tu máquina tampoco es nueva. En los sesenta, la multitarea permitió que un mismo ordenador central atendiera a varios usuarios a la vez, y en los setenta el tiempo compartido se convirtió en el modelo de negocio principal de la informática: las empresas alquilaban minutos de un ordenador que no podían comprar.
El ordenador personal deshizo ese arreglo y lo devolvió todo a la mesa de cada uno. A finales de los noventa volvió por otra puerta: los proveedores de servicios de aplicaciones, conocidos por sus siglas en inglés, ASP, alojaban un programa concreto para cada cliente y se lo dejaban usar a través de la red. Era una solución cara y poco estandarizada, pero ya contenía la idea de pagar por usar en lugar de por poseer.
1999: «el fin del software»
Salesforce se fundó el 8 de marzo de 1999. Su primer prototipo salió en noviembre de ese año y su apuesta era vender la gestión de clientes como un servicio web por usuario y mes, sin instalar nada. Para venderlo montó una campaña con el lema de «el fin del software», que llegó a contratar actores para que protestaran a las puertas de las conferencias de Siebel, entonces el gran fabricante de software de gestión de clientes.
La empresa pasó de 5,4 millones de dólares de ingresos en 2000 a 22,4 millones en 2001, en plena resaca de las puntocom, y salió a bolsa en junio de 2004 con el símbolo CRM, levantando 110 millones de dólares. Ese mismo año apareció Gmail, y con él el correo se convirtió en uno de los primeros servicios de este tipo vendidos en masa a particulares.
Lo que lo sostenía: la cuota por puesto
El negocio del software como servicio descansa en una cuenta sencilla: cada persona que entra al programa paga cada mes. Para el cliente tenía ventajas evidentes, como no instalar nada, no gestionar servidores y recibir las actualizaciones solas. Para el proveedor, unos ingresos recurrentes que los inversores premiaban.
En España el cambio llegó también al programa de la caja. El Grupo SP pasó a llamarse Sage SP a partir de 2003, integrado en la filial española de la británica Sage, y la línea de ContaPlus terminó convertida en Sage 50cloud. Una versión, ContaPlus Evolution, dejó de comercializarse el 1 de julio de 2008.
Lo que queda hoy
El modelo ganó con claridad. En 2025, el 52,74 % de las empresas de la Unión Europea pagaba algún servicio en la nube, según Eurostat, y entre ellas el 58,16 % usaba así su software de contabilidad. Las grandes organizaciones que analiza Zylo manejan de media 305 aplicaciones de este tipo, y en 2025 usaron el 54 % de las licencias que pagaban.
Esa última cifra explica el movimiento contrario que se ve desde hace un par de años. Con los asistentes de programación, encargar una herramienta a medida para un proceso concreto vuelve a estar al alcance de empresas que en los noventa la habrían encargado a la empresa de informática de la provincia. En el informe de Retool de 2026, el 35 % de los equipos encuestados decía haber sustituido al menos una herramienta por suscripción por un desarrollo propio, aunque la muestra son usuarios de una plataforma para construir esas herramientas. A eso se le ha empezado a llamar tailorware, software de sastre.
Lo que vuelve no es exactamente lo de antes. Los programas a medida de los noventa vivían en el ordenador de la oficina y morían con él; los de ahora viven en la nube, que es la herencia que deja el software como servicio. La contabilidad, regulada y igual para todos, sigue en la suscripción, y lo que se encarga a medida es lo que cada empresa hace a su manera.