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Trovadores
Archivo rescatado de la blogosfera española, 2003-2006

Google Reader cerró el 1 de julio de 2013 y se llevó la última forma de leer internet sin algoritmo

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sofia_salas
Google Reader cerró el 1 de julio de 2013 y se llevó la última forma de leer internet sin algoritmo

El miércoles 13 de marzo de 2013, a última hora de la tarde en California, Google publicó en su blog oficial una entrada titulada A second spring of cleaning. Era una lista de trámite: productos que la empresa iba a apagar para concentrarse en menos cosas. Entre un par de APIs y una aplicación de Google Voice para BlackBerry, un párrafo:

«Lanzamos Google Reader en 2005 para que la gente pudiera descubrir y seguir sus webs favoritas. Aunque el producto tiene seguidores leales, con los años su uso ha ido bajando. Así que el 1 de julio de 2013 retiraremos Google Reader.»

En España era ya de noche. Al día siguiente, medio Twitter en español amaneció escribiendo obituarios de una cosa que la mayoría de la gente no sabía ni que existía. Una petición en Change.org pidiendo que lo mantuvieran vivo pasó de las cien mil firmas. Feedly, un competidor pequeño y europeo, anunció que había recibido medio millón de usuarios nuevos en cuarenta y ocho horas. Nada de eso sirvió de nada: el 1 de julio, a la hora prevista, la web dejó de responder.

Qué era exactamente aquello

Un lector de RSS funciona con un mecanismo sencillo hasta el aburrimiento. Cada blog, cada periódico, cada sección de una web publicaba —y muchos siguen publicando— un fichero XML con sus últimas entradas: título, fecha, texto. El lector guardaba tu lista de direcciones de esos ficheros, pasaba a mirarlos cada pocos minutos y te enseñaba lo nuevo. Nada más.

La consecuencia de ese «nada más» era enorme. La lista que veías al abrir Google Reader por la mañana la habías construido tú, una suscripción cada vez, y estaba en orden cronológico. Si te suscribías a cuarenta blogs, veías las entradas de esos cuarenta blogs. No aparecía un cuarenta y uno porque fuera tendencia. No desaparecía ninguno porque llevaras tres semanas sin pinchar. Un blog que publicaba una vez al mes tenía exactamente el mismo derecho a tu atención que uno que publicaba ocho veces al día.

Por dentro era una herramienta de teclado, casi de administrador de sistemas. La j bajaba al siguiente artículo, la k subía, la s lo marcaba con estrella, shift+a daba por leída una carpeta entera. Gente que nunca había tocado una terminal leía cuatrocientos titulares en veinte minutos sin soltar las manos del teclado. Había una página de estadísticas, Trends, que te decía qué feeds leías de verdad y cuáles llevabas meses saltándote, y cuántos artículos habías pasado desde que abriste la cuenta. Los números de seis cifras eran habituales.

Tenía además un efecto lateral que Google nunca buscó. Como los servidores de Reader eran los que iban a buscar el contenido, y luego te lo servían desde un dominio de Google, en países con filtros nacionales la herramienta se convirtió en una puerta trasera para leer webs bloqueadas. En Irán y en China se usaba para eso, y cuando llegó el anuncio del cierre hubo despedidas escritas desde allí que no iban de comodidad, sino de acceso.

Por qué nunca ganó un euro

Reader salió de Google Labs en octubre de 2005 y nunca llevó publicidad. Ni un banner, ni un enlace patrocinado, ni una versión de pago. Chris Wetherell, el ingeniero que lo levantó, contó en 2013 que el equipo fue siempre pequeño y que el producto vivió buena parte de su vida sin dueño claro dentro de la empresa. Era un servicio que consumía ancho de banda para llevar lectores a webs ajenas y devolvía a Google, a cambio, un dato de comportamiento que ya obtenía por otras vías.

Había un negocio alrededor, pero tampoco era de Reader. Google había comprado FeedBurner en 2007, y era FeedBurner quien contaba: los bloggers ponían en la barra lateral un contador con el número de suscriptores, y ese número salía en buena parte de cuánta gente los tenía en Reader. Ese contador fue durante años la única medida pública de si un blog importaba.

El giro llegó en octubre de 2011. Google rediseñó Reader y le arrancó lo que lo hacía comunidad: el botón de compartir, los amigos, los comentarios sobre lo compartido, todo eso que hacía que un artículo circulara por dentro de la herramienta. Lo sustituyó por integración con Google+. Mucha gente que usaba Reader como red social —porque eso era, con otra forma— se fue en ese momento. Diecisiete meses después, la empresa cerró el producto alegando que el uso había bajado.

Qué se llevó por delante

Los blogs medianos, que ya venían perdiendo fuelle, vieron cómo la parte de su público que llegaba sin buscar nada —simplemente porque estaba suscrito— se evaporaba en cuestión de meses. Lo que quedó fue el enlace que alguien te ponía delante: primero Twitter, luego Facebook, y en ambos casos con un algoritmo decidiendo qué merecía tu tiempo. Aquel mismo 2013 Twitter terminó de retirar sus propias salidas en RSS y apagó la versión 1 de su API en junio, con lo que se cerró también la vía para leer la red social desde fuera de la red social.

Google mantuvo la exportación abierta hasta el 15 de julio de 2013: desde Takeout se podía bajar un fichero OPML con todas las suscripciones y un volcado de los artículos marcados. Quien lo hizo conserva su lista. Quien no, la perdió entera. La interfaz original se puede ver todavía en las copias del Internet Archive, y el anuncio sigue en pie en el blog de Google.

Lo que hay hoy

El formato no murió: es el mismo que mueve todos los podcasts del mundo, porque suscribirse a un podcast es suscribirse a un feed. Y los lectores siguen existiendo, con más opciones que en 2013.

Herramienta Qué es Dónde corre
Feedly El que recogió la avalancha de 2013, con capa gratuita y planes de pago Web y móvil
Inoreader El más parecido al original en potencia: reglas, filtros, búsqueda Web y móvil
NewsBlur De pago, código abierto, con filtros de entrenamiento por feed Web o servidor propio
FreshRSS Gratuito y libre, se instala en un hosting cualquiera Servidor propio
Miniflux Minimalista, sin base de datos pesada, para quien quiera poco Servidor propio

Todos importan OPML, así que aquel fichero de 2013 que alguien guardó en una carpeta de descargas sigue sirviendo tal cual. Y casi todas las webs que se leen a diario mantienen su feed publicado aunque no lo anuncien: probar añadiendo /feed o /rss al final de la dirección acierta más veces de las que uno esperaría.