Elcano, Ozú y Trovator: cómo se daba de alta una web cuando un humano tenía que leerla antes
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- sofia_salas

En el otoño de 1995, en una oficina de Sevilla, alguien mantenía a mano una lista de direcciones de internet en castellano. Se llamaba Índice de Internet de Interbook y era exactamente eso: una base de datos de URL que se podía consultar en línea, la primera en español. La idea inicial era modesta, dar a los clientes sevillanos una lista ordenada de webs, pero empezaron a entrar desde México, desde Argentina, desde media Latinoamérica, y aquello se rebautizó con nombre de vuelta al mundo: Elcano.
Rellenar el formulario y esperar al editor
Pongamos que en 1998 terminas tu página. La subes por FTP al hueco que te da tu proveedor y ahí se queda, sin que nadie sepa que existe. El camino para arreglarlo se llamaba «dar de alta». En Elcano el formulario pedía tres datos obligatorios —dirección, título y descripción— y unos cuantos opcionales: palabras representativas, correo, país, idioma y qué clase de propietario había detrás. Luego venía la decisión difícil: elegir hasta tres categorías y dos profesiones donde querías aparecer.
Y después, esperar. Al otro lado había una persona que abría tu web, miraba si el título prometía lo que la página daba y decidía si la categoría que habías pedido era la suya o era otra. Cuando el alta se aprobaba, llegaba un correo avisando. Hasta ese momento no existías para el directorio, por muchos enlaces que te hubieran puesto tus amigos.
La otra mitad del oficio estaba en las dos líneas que escribías en el formulario: los resultados se ordenaban según la frecuencia de las palabras buscadas en el título y en la descripción que tú mismo habías redactado. Quien afinaba ahí, subía. No hacía falta saber programar, hacía falta saber escribir una ficha.
Los que clasificaban y los que rastreaban
Un directorio era un árbol de categorías donde solo entraba lo que un humano metía. Una araña era un programa que saltaba de enlace en enlace y se tragaba lo que encontraba, sin preguntar a nadie. En español, el primero que hizo lo segundo fue Trovator, del valenciano José Peris y su empresa ComBios: arrancó en 1996 colgado de trovator.combios.es y en 1997 ya tenía dominio propio. Su robot, Httpbot, estaba escrito en casa porque lo que circulaba entonces no digería bien el castellano. Para 1998 llevaba indexadas unas 400.000 páginas en español y permitía algo que los directorios no podían ni plantearse: buscar dentro de un solo dominio.
Aun así, en 2000 mucha gente seguía prefiriendo la lista revisada. La web en castellano era pequeña y estaba mal enlazada desde fuera, así que los índices mundiales la veían borrosa; dos mil fichas leídas por una persona daban mejor resultado que un montón de páginas rastreadas por una máquina que no sabía distinguir Cádiz de Cadiz. Por eso buscar «en español» era ir a otro sitio distinto, no marcar una casilla.
Olé, el otro nombre grande, abrió al público el 1 de enero de 1996. Lo había levantado Pep Vallés desde la Fundació Catalana per la Recerca, y para salir con unas 2.000 fichas el equipo había revisado más de 50.000 referencias. En marzo de aquel mismo año llevaba un millón de visitas. En 1998 el EGM lo colocaba como el tercer sitio más visitado de España, por detrás de Yahoo! y de El País Digital.
De dónde salía el dinero
De la búsqueda, de ninguna parte. Nadie pagaba por consultar la lista, y la publicidad de banner en 1997 daba para pagar a poca gente. Las salidas fueron dos. Una, vender: el 10 de marzo de 1999 Olé firmó con Telefónica, que se quedó con su tecnología por unos 3.000 millones de pesetas más derechos sobre acciones de Terra, cuando el portal rondaba los cinco millones de visitas mensuales. El buscador terminó dentro de Terra y acabó sustituido por la tecnología de Lycos.
La otra salida era engordar hasta dejar de ser un buscador. Ozú, creado en diciembre de 1995 y abierto en febrero de 1996 por Enrique Aguilera, también andaluz y también con acento en el nombre, siguió ese camino. Cuando anunció su cierre, la lista de lo que dejaba de funcionar era esta: comunidad, chat, videochat, chat de voz, foros, juegos, sección de humor, vídeos, compras, noticias, postales, blogs y descargas. De clasificar la web ya no se hablaba.
El 9 de mayo de 2000
Ese día Google anunció diez idiomas nuevos de golpe: francés, alemán, italiano, sueco, finés, español, portugués, neerlandés, noruego y danés. No trajo un índice hispano mejor que el de nadie; trajo una manera de ordenar los resultados que ponía lo bueno en los tres primeros puestos. El propio Peris lo ha contado así años después: la ventaja estaba en el orden. Contra eso, un árbol de categorías con veinte enlaces por rama no tenía argumento, porque el usuario ya no quería ver la rama entera.
| Nombre | Origen | Qué era | Final |
|---|---|---|---|
| Donde? | Universitat Jaume I, de un proyecto de 1993 | Directorio pionero | Cerró hacia 1999 |
| Elcano | Sevilla, otoño de 1995 | Directorio revisado por editores | Se apagó sin comunicado |
| Olé | Barcelona, 1 de enero de 1996 | Directorio con buscador | Absorbido por Terra |
| Ozú | Andalucía, febrero de 1996 | Directorio convertido en portal | Cerrado el 30 de noviembre de 2012 |
| Trovator | Valencia, 1996 | Araña propia (Httpbot) | Aguantó encendido cuando ya no quedaba ninguno |
Qué quedó de todo aquello
Los contenidos de un directorio eran las fichas, y las fichas las escribían personas. Buena parte se puede rescatar en las capturas del Internet Archive: páginas de categorías con su puñado de enlaces, casi todos rotos, y descripciones redactadas por alguien que había entrado a mirar antes de aprobarlas. Ozú aguantó hasta el 30 de noviembre de 2012 bajo el paraguas de La Factoría de Información, del grupo Vocento, y se llevó por delante sus foros y sus chats.
El oficio tampoco volvió, y no solo por Google. Yahoo! apagó su directorio a finales de 2014. El Open Directory Project, que llegó a tener miles de editores voluntarios clasificando el mundo gratis, lo cerró AOL el 17 de marzo de 2017; sus datos siguen circulando en Curlie. Clasificar a mano funcionaba con una web de cientos de miles de páginas y una cola de altas que una persona podía leer en una semana. Cuando la cola se llenó de gente cuyo único objetivo era colarse en la categoría buena, la revisión humana pasó de ser el servicio a ser el cuello de botella.
Sigue habiendo una diferencia práctica entre entonces y ahora. En 1998 podías escribirle un correo a la persona que había decidido dónde ibas, y discutirlo. Hoy no hay nadie al otro lado del formulario.