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Trovadores
Archivo rescatado de la blogosfera española, 2003-2006

El .es pedía una marca registrada o el nombre exacto de tu empresa hasta noviembre de 2005, y por eso tantas webs españolas se fueron al .com

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sofia_salas
El .es pedía una marca registrada o el nombre exacto de tu empresa hasta noviembre de 2005, y por eso tantas webs españo

El martes 8 de noviembre de 2005 se abrió en España una ventanilla que había estado cerrada diecisiete años. Desde ese día, cualquiera con algún vínculo con el país podía pedir un dominio .es con una palabra corriente, sin enseñar ningún papel, y quedárselo si llegaba antes que nadie. Lo mismo que llevaba años pasando con los .com, que se registraban en cinco minutos con una tarjeta de crédito. Para entender por qué aquello fue noticia hay que ver lo que se pedía la víspera.

Un dominio que había que merecer

El .es se delegó a España en 1988 y sus primeros años los gestionó RedIRIS, la red académica. El registro, conocido como ES-NIC, se pensó para instituciones y empresas que se tomaban internet en serio, y las normas lo dejaban claro. Para un dominio de segundo nivel, el que acaba directamente en .es, el solicitante tenía que cumplir una de tres condiciones:

  • Que la palabra exacta del dominio fuese una marca registrada a su nombre.
  • Que coincidiera con la denominación social exacta de una empresa o asociación legalmente constituida.
  • Si era una persona física, que el dominio fuera su nombre y, como mínimo, un apellido.

Y el registro lo comprobaba antes de concederlo. No bastaba con decir que la tienda se llamaba así: había que acreditarlo. Las palabras genéricas, las que describen una actividad en lugar de nombrar a alguien, quedaban fuera de ese circuito.

Con un ejemplo se ve el embudo. Una tienda de bicicletas de Valladolid que se anunciaba como «Bicis Pisuerga» y cuya sociedad se llamaba de otra forma no podía pedir bicispisuerga.es así como así. Le tocaba registrar la marca en la Oficina Española de Patentes y Marcas, pagar las tasas, esperar a la resolución y volver con el título. O bien conformarse con la razón social completa, con su «S. L.» incluido en espíritu, que nadie iba a recordar.

Por qué tanta web española acabó en .com o en un subdominio

La mayoría no esperó. Un .com o un .net se compraban esa misma tarde en un registrador estadounidense, sin justificar nada y sin que nadie preguntara a qué se dedicaba el titular. Por eso tantas tiendas, revistas y proyectos nacidos en España a finales de los noventa y principios de los dos mil llevan un .com que suena a otra parte.

Para quien no tenía empresa ni marca, que era casi todo el mundo que montaba algo por gusto, la salida fue más barata todavía: un subdominio gratuito. Las páginas personales, los fanzines y las webs de grupos de música vivieron en direcciones larguísimas de Geocities, Galeón, Tripod o iEspaña, con la barra y la virgulilla de rigor. Cuando llegaron los blogs, la costumbre siguió: Blogia, La Coctelera o Blogger daban la dirección hecha. El .es se quedó para bancos, ministerios, universidades y grandes empresas, que eran los que tenían el papeleo al día.

Las asociaciones de internautas lo criticaron durante años por dos motivos que iban juntos: las restricciones y el precio. El registro directo era caro para un particular, y el embudo hacía que el dinero no compensara el trámite.

Qué lo sostenía y quién mandaba

La gestión pasó a Red.es, entidad pública empresarial creada a finales de 2000 y adscrita al Ministerio de Industria. El dominio se entendía como un recurso público que había que proteger de especuladores y de quien quisiera quedarse con nombres ajenos. El argumento tenía su lógica: en los .com ya se veía a gente registrando marcas de otros para revendérselas. El precio de esa protección fue un dominio nacional casi vacío.

Las cifras de Red.es lo enseñan sin necesidad de adjetivos. A finales de 2003 había 71.158 dominios .es activos. Un año después, 85.309. En enero de 2005, según los datos que manejaba el propio registro, 86.153. Para un país de más de cuarenta millones de habitantes, con la banda ancha ya entrando en los hogares, era muy poco.

La apertura, en dos pasos

El primer movimiento llegó a finales de 2003, con los dominios de tercer nivel: .com.es, .org.es y .nom.es, que se asignaban automáticamente y solo exigían cierta vinculación con España. Sirvieron de poco. Nadie quería escribir «.com.es» en una tarjeta de visita, y el .es a secas seguía cerrado.

El cambio de verdad fue la Orden ITC/1542/2005, de 19 de mayo, publicada en el BOE el 31 de mayo, que aprobó un nuevo Plan Nacional de nombres de dominio bajo el .es. Las personas físicas podían pedir cualquier nombre, se abrió la puerta a quien tuviera intereses o vínculos con España y desapareció la distinción entre nombres regulares y especiales. La regla pasó a ser la de los .com: el primero que lo registra se lo queda.

Para que la apertura no fuera una carrera desordenada, se hizo por fases. La primera quedó reservada a organismos oficiales y administraciones públicas. La segunda, a quien tuviera un derecho previo sobre un nombre: titulares de marcas y nombres comerciales, denominaciones de origen, fundaciones y asociaciones. Terminó el 21 de septiembre de 2005. El 8 de noviembre se abrió para todos.

La orden también tocó el bolsillo. La tarifa de registro directo bajó un 70 % y quedó en 27,59 euros. Si se hacía a través de un agente registrador, la rebaja era del 92 % y el .es salía a 4,09 euros, que el agente después revendía con su margen. Los de tercer nivel se quedaron en 11,64 y 1,29 euros por esas mismas dos vías. Ese segundo precio contaba más que el primero: abría el .es a las empresas de alojamiento, que empezaron a ofrecerlo junto al .com en el mismo formulario.

Lo que pesó el cambio

En junio de 2005, con la orden recién publicada, Red.es esperaba rondar los 180.000 dominios al año siguiente. Se quedó corto. Esta es la serie de dominios .es del propio registro:

Año Dominios .es
2003 71.158
2004 85.309
2005 298.600
2006 507.874
2007 805.327
2008 1.082.757
2024 2.094.772

En 2005 la cifra se triplicó, y casi todo ese salto cabe en las siete semanas que van del 8 de noviembre a fin de año. En 2008 se pasó del millón. En julio de 2025 había 2.134.104 registros, según las estadísticas que publica dominios.es, el nombre que hoy usa el antiguo ES-NIC.

Lo que no volvió fue lo que ya se había ido. Las webs que nacieron en .com antes de 2005 siguieron allí, porque cambiar de dirección significaba perder buscadores, enlaces y lectores. Muchas registraron después su .es solo para que nadie se lo quitara y lo redirigieron al .com de siempre. Las páginas que vivieron en subdominios gratuitos corrieron otra suerte: cerraron con sus plataformas, y lo que se conserva de ellas está en el Internet Archive, si alguien tuvo la suerte de que lo rastreara a tiempo.

Por eso, cuando hoy se mira la lista de las webs españolas más antiguas que siguen abiertas, sorprende cuántas terminan en .com. Durante diecisiete años, el dominio del país había que solicitarlo con papeles, y la mayoría decidió no pedirlo.