Delicious acabó en la columna «sunset» de una diapositiva de Yahoo en 2010, y con él la web que se ordenaba a mano
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- sofia_salas

El 16 de diciembre de 2010, alguien sentado en una reunión interna de Yahoo hizo una foto a una diapositiva y la subió a Twitter. Era una tabla de productos repartidos por columnas según lo que la empresa pensaba hacer con ellos. Una de las columnas se llamaba sunset. Y ahí, en esa columna, estaba Delicious.
La tarde fue de todo menos tranquila. Miles de personas se metieron a la vez a exportar sus marcadores antes de que se apagara la luz, y el servicio se atragantó. Yahoo salió a decir que no iba a cerrarlo, que estaba buscándole acomodo en otro sitio, pero el daño ya estaba hecho: Pinboard, un clon de pago que un tal Maciej Cegłowski había lanzado año y medio antes, se llenó de altas en cuestión de horas. Gente que llevaba seis años guardando enlaces entendió de golpe que aquello no era suyo.
Lo que se estaba desmontando no era una web. Era un método.
Cómo funcionaba del.icio.us por dentro
Joshua Schachter lo puso en marcha en 2003 con un juego de dominio (.us, de Estados Unidos) y una idea seca: los marcadores del navegador no sirven de nada si están en tu navegador. Los suyos vivían en una web, eran públicos por defecto y no se metían en carpetas. Se etiquetaban.
Esa diferencia, que parece de matiz, era el motor entero. Una carpeta obliga a elegir: o guardas el enlace en «diseño» o lo guardas en «tipografía». Una etiqueta no. Un mismo enlace podía llevar seis etiquetas, y cada etiqueta generaba automáticamente una página con todo lo que cualquiera hubiera marcado con esa palabra. Entrabas en la página de fotografia y veías lo que había guardado medio mundo esa semana, ordenado por cuánta gente lo había guardado.
Encima había cosas que hoy no existen en ningún sitio equivalente:
- Cada combinación posible tenía su fuente RSS: una etiqueta, un usuario, un usuario dentro de una etiqueta. Podías suscribirte a «lo que guarde Fulano sobre tipografía» y recibirlo solo.
- Existía la etiqueta
for:usuario, que funcionaba como un buzón: le mandabas un enlace a otra persona etiquetándolo, y le aparecía en su bandeja. - La portada de lo más marcado, la hotlist, mandaba visitas de verdad. Salir ahí llenaba un blog pequeño durante dos días.
Aquello tuvo nombre académico y todo: folksonomía, término que Thomas Vander Wal soltó en 2004 para describir una clasificación hecha por la gente que usa las cosas, no por un documentalista. Yahoo compró el invento en diciembre de 2005, seis meses después de comprar Flickr, que iba de lo mismo aplicado a fotos.
Technorati, el mapa de quién enlazaba a quién
David Sifry montó Technorati en 2002 y resolvió un problema que hoy ni se plantea: saber quién te había enlazado. Los blogs mandaban un aviso automático cada vez que publicaban —un ping— y Technorati salía a leer la entrada, extraía todos los enlaces salientes y los guardaba. Con eso construía el cosmos de cada bitácora: la lista de quién hablaba de ti y desde dónde.
De ahí salió la Autoridad, que no era una nota de calidad sino una cuenta: cuántos blogs distintos te habían enlazado en los últimos ciento ochenta días. Si dejabas de escribir, tu número bajaba solo. Era un termómetro de conversación viva, y en la blogosfera en español de 2005 y 2006 se miraba con una mezcla de deporte y ansiedad.
Technorati también entendió las etiquetas antes que nadie: si ponías en tu entrada un enlace con el atributo rel="tag", tu texto aparecía en la página de esa etiqueta junto a los de gente que no te había leído nunca. Y cada año publicaba el State of the Blogosphere, el único censo que había. En la edición de 2008 declaraba tener indexados unos 112 millones de blogs.
Netvibes: la portada te la montabas tú
El tercero llegó desde París. Tariq Krim lanzó Netvibes en 2005: una página en blanco a la que arrastrabas cajas. Un bloque con el correo, otro con el tiempo, otro con las últimas quince entradas de los blogs que leías, otro con tus marcadores de Delicious. Se movían con el ratón, en la misma página, sin recargar, que en 2005 parecía brujería. Google iba por el mismo camino con su portada personalizable, luego llamada iGoogle.
Los tres juntos formaban un circuito cerrado: Technorati te decía quién estaba hablando, Delicious te decía qué merecía la pena guardar, y Netvibes te lo ponía todo en una sola pantalla por la mañana. Nadie decidía por ti qué ver primero.
Quién pagaba la fiesta
Casi nadie, y ese es el fondo del asunto. Delicious no vendió publicidad ni cobró suscripciones en toda su vida útil; se sostuvo con inversión primero y con el bolsillo de Yahoo después. Technorati vivía de rondas de financiación y de anuncios en un producto que consumía una barbaridad de servidores: rastrear millones de blogs a diario para regalar un dato gratis es caro. Netvibes tampoco encontró su negocio en el usuario particular.
Mientras tanto, el trabajo que hacían se estaba automatizando. Cuando el buscador aprendió a ordenar la actualidad sin que nadie etiquetara nada, y cuando Facebook y Twitter empezaron a servir una portada rellenada sola, el coste de montarte la tuya dejó de compensar para casi todo el mundo.
| Herramienta | Nace | Qué resolvía | Cómo acabó |
|---|---|---|---|
| del.icio.us | 2003 | Marcadores públicos y etiquetados | Yahoo (2005), AVOS (2011), Science (2014), y en 2017 lo compra Pinboard y lo apaga |
| Technorati | 2002 | Quién enlaza a quién, en tiempo casi real | Cierra el índice de blogs y la Autoridad en 2014 y se convierte en una empresa de publicidad |
| Netvibes | 2005 | Portada personal con bloques y RSS | Comprado por Dassault Systèmes en 2012 y reconvertido en herramienta corporativa |
Qué se puede recuperar
De Delicious hay más de lo que parece. Archive Team se lanzó a rascar el sitio en aquellos días de diciembre de 2010 y el volcado quedó depositado en Internet Archive, así que buena parte de aquellas etiquetas colectivas sigue siendo consultable. Y quien exportó su fichero XML aquella tarde lo puede importar hoy mismo en Pinboard o en Raindrop.
De Technorati no queda nada. El índice era un cálculo vivo sobre enlaces, no un archivo de páginas, y al apagar las máquinas desapareció el único mapa que existió de cómo se enlazaban entre sí los blogs en español. Las entradas siguen ahí, muchas; el tejido que las unía, no. Es la parte más difícil de reconstruir de aquella década, y la que explica por qué cuesta tanto contar hoy quién leía a quién en 2006.
De Netvibes sobrevive lo que sostenía sus cajas: el RSS. Sigue funcionando exactamente igual que entonces, y montarse una portada propia con lo que uno quiera leer sigue costando una tarde. Lo que se perdió no fue la tecnología, fue la costumbre.