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Trovadores
Archivo rescatado de la blogosfera española, 2003-2006

¿De qué vivía El Rincón del Vago y de quién eran los apuntes que subían los estudiantes?

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sofia_salas
¿De qué vivía El Rincón del Vago y de quién eran los apuntes que subían los estudiantes?

De publicidad alrededor de material que le llegaba gratis. Y los apuntes no eran del estudiante que los subía: las condiciones del portal dicen que quien envía un documento cede a Rincondelvago.com en exclusiva y sin contraprestación los derechos de reproducción, comunicación pública, distribución y transformación. Nació el 21 de febrero de 1998 en Salamanca y sigue en pie.

Lo montaron dos salmantinos de la misma quinta, nacidos en 1974 y amigos desde los cinco años, Javier Castellanos y Miguel Ángel Rodero, a raíz de un trabajo de una asignatura que les parecía de relleno. La idea no tenía nombre todavía en la jerga de la época: montar un almacén donde cada uno dejase lo que ya había entregado para que otro no tuviera que hacerlo dos veces. Google se registró cinco meses después.

¿Qué había dentro y cómo estaba ordenado?

Trabajos, apuntes, exámenes y prácticas. En enero de 2001, cuando el portal se vendió, el archivo pasaba de 13.000 ficheros. Estaban repartidos por disciplinas —más de treinta cajones, de Administración a Veterinaria— y dentro por asignatura, que es el orden con el que busca un estudiante a las once de la noche: no por autor ni por fecha, sino por lo que le piden mañana.

La pieza que hoy se pasa por alto es que había alguien leyendo. Meses después del arranque entró Ángel Benito Rodero, primo de uno de los fundadores, a revisar lo que llegaba: decidía si un fichero se publicaba y en qué cajón caía. Alrededor del archivo colgaban chats, foros y avisos de becas y empleo, el surtido con el que cualquier web española de 2001 intentaba retener a la gente. Los documentos se servían como HTML plano, casi sin coste de máquina, y eso hizo que aguantaran veinte años en pie mientras se caían webs mucho mejor financiadas.

¿Cómo entraba el dinero?

Por banners vendidos a anunciantes que querían audiencia joven, sobre un catálogo cuyo coste de producción era cero. El único gasto fijo era la plantilla: en 2000, dos años después de empezar, ya eran diez personas.

El 29 de enero de 2001, en la última ventana antes de que se cerrara el grifo de las puntocom, eresMas compró el portal. Los fundadores vendieron el 90% y se quedaron con el 10% y con la gestión. Ni entonces ni después se dio la cifra: eresMas, que era el portal del grupo Auna y declaraba 1,6 millones de usuarios, no facilitó el importe de la operación. A partir de ahí El Rincón del Vago dejó de ser un negocio con cuenta propia y pasó a ser un activo de portal: traía tráfico barato y constante a una casa que necesitaba justificar su audiencia. eresMas fue después Wanadoo y acabó siendo Orange.

Fecha Qué pasó Dato que lo acompaña
21 feb 1998 Arranca en Salamanca Dos fundadores, ninguna inversión
2000 Se profesionaliza Diez personas en plantilla
29 ene 2001 eresMas (grupo Auna) compra el 90% 13.000 ficheros, 25.000 visitas diarias, 9 millones de páginas al mes, 20% desde Latinoamérica. Importe no facilitado
2001-2006 El comprador cambia de nombre eresMas → Wanadoo → Orange
2017 Los fundadores venden el 10% restante 2,2 millones de visitantes diarios, 80% desde Hispanoamérica
Hoy Sigue en línea Titular en las condiciones: Orange Horizons Latina, S.A. de C.V.

Esa última fila explica el giro más interesante del archivo. En 2001 el 20% del tráfico venía de América Latina; en 2017 venía de allí el 80%. La web se quedó en España como un recuerdo y siguió creciendo como servicio en México, Colombia, Perú y Argentina, hasta el punto de que los fundadores vendieron su parte a un inversor mexicano y se desvincularon.

¿De quién son unos apuntes de clase?

Aquí hay tres capas y el portal solo resolvió una.

  • La clase del profesor. La Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996) protege también las obras orales, conferencias y explicaciones incluidas. Los apuntes que un estudiante redacta con sus palabras son suyos; una transcripción literal de la explicación reproduce algo que no lo es.
  • El resumen de un libro. Resumir para uso propio es una cosa y publicar el resumen es otra: la transformación de una obra necesita autorización del autor, y el derecho de cita del artículo 32 cubre fragmentos con indicación de fuente, no el libro entero condensado.
  • El trabajo propio. Ese sí es del estudiante, y ahí entra la letra pequeña. Las condiciones del portal dicen que los autores-remitentes reconocen «sin que medie contraprestación económica alguna» que Rincondelvago.com ostenta «en exclusiva los derechos de reproducción, comunicación pública, distribución y transformación» sobre el documento. Se acepta por el hecho de enviarlo. El que subía su trabajo se quedaba sin poder distribuirlo por su cuenta.

La cláusula blinda al portal frente a quien reproduzca su archivo, y no le sirve de nada frente al problema de arriba: nadie puede ceder derechos que no tiene. Si el fichero era la fotocopia de un manual, la cesión del estudiante no convertía el manual en material del portal.

¿Por qué no llegó nunca una sentencia que lo aclarara?

Porque el pleito no le convenía a nadie. Desde la Ley 34/2002 de servicios de la sociedad de la información, el que aloja contenidos ajenos no responde por ellos si no tiene conocimiento efectivo de que son ilícitos y los retira cuando se le avisa. Eso convirtió cada conflicto en un trámite: la editorial o el profesor escribían, el documento desaparecía del cajón y el asunto se cerraba sin juez.

Demandar tenía todas las contras. El autor material era un estudiante anónimo, el daño de un fichero suelto no llega para pagar un procedimiento y el titular fue quedando cada vez más lejos, hasta una sociedad mexicana. No consta una resolución española que haya fijado con carácter general de quién son los apuntes de una clase. Lo que hubo fue veinte años de retiradas silenciosas y una sospecha instalada en el profesorado: a partir de 1999, cualquier trabajo demasiado redondo se leía buscando la costura.

¿Qué queda hoy y cómo se recupera algo de allí?

El dominio responde, mantiene los cajones por disciplinas, sigue aceptando documentos con un formulario de subida y arrastra un aviso de copyright fechado entre 1998 y 2018. Comparte grupo con otros restos de aquella cartera de portales, como StarMedia o Chueca.com.

Para lo que ya no está, o para ver cómo se veía aquello antes de los rediseños, las capturas están en el Internet Archive, que lo lleva registrando desde finales de los noventa. Quien subió un trabajo suyo y lo quiera fuera tiene que pedirlo al titular que figura en las condiciones, con el documento identificado por su dirección; no existe ni ha existido un botón para descargar lo que uno dejó allí. Esa es la parte del modelo que se repitió después sin cambiar una coma: el material lo pone el usuario, la copia buena se queda en el servidor de otro.