AdSense prohibía contar cuánto pagaba, y por eso nadie supo lo que ganaba un blog español en 2007
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- sofia_salas

El sobre venía de Estados Unidos y dentro había un cheque. Cien dólares, casi siempre cien clavados, porque cien era el mínimo que Google exigía para soltar el dinero y casi nadie pasaba de ahí en el primer pago. El siguiente paso era el peor: llevarlo al banco, que lo miraba como quien recibe una moneda antigua, cobraba comisión por negociar un cheque extranjero y tardaba semanas en abonar lo que quedara. De los cien dólares llegaban bastantes menos euros. Aquello era, para muchísima gente que escribía a diario en 2007, el sueldo entero de su blog.
Lo llamativo del asunto no es la cifra. Es que casi nadie la contaba, y no por pudor.
La cláusula que hizo invisible una economía entera
Las condiciones de AdSense prohibían expresamente a los editores revelar información confidencial del programa: cuánto se cobraba por clic, qué porcentaje de visitantes pinchaba en los anuncios, cuánto pagaba cada campaña. Se podía enseñar el cheque, se podía decir «este mes he llegado al mínimo», pero desglosar los números era motivo de cierre de cuenta. Y una cuenta cerrada significaba perder el saldo pendiente.
Así que la blogosfera española discutió su propio dinero durante años a base de insinuaciones, capturas recortadas y frases del tipo «da para pagar el hosting». Cuando alguien publicaba una cifra concreta, solía ser porque ya había abandonado el programa.
Había una segunda opacidad, esta por parte de Google. Hasta el 24 de mayo de 2010 la empresa nunca dijo qué parte se quedaba. Ese día publicó por fin el reparto: el editor recibía el 68 % de lo que el anunciante pagaba por los anuncios de contenido, y el 51 % en los de búsqueda. Es decir, quien en 2007 cobró aquel cheque de cien dólares había generado unos ciento cuarenta y siete, y no tenía forma de saberlo.
De dónde salía de verdad el dinero
El tópico dice que los blogs vivían de AdSense. En español, AdSense era el ingreso más constante y el más flojo. La subasta pagaba lo que los anunciantes pujaban, y en 2007 el número de empresas españolas comprando publicidad por palabras en internet era una fracción minúscula de las que compraban en la tele o en prensa. Con pocos compradores en la puja, los clics valían céntimos, y un blog decente de tecnología o de opinión tardaba meses en juntar los cien dólares.
El dinero de verdad venía por otras tres vías, y las tres se acabaron.
Las referencias de Google. Durante un par de años, AdSense pagó por recomendar productos: si un visitante se descargaba Firefox con la barra de Google desde tu botón, Google abonaba hasta un dólar por instalación. Para un blog de tecnología con público de sistemas operativos, aquello superaba de largo a los anuncios normales. Google cerró el programa de referencias en agosto de 2008 y esa columna del negocio desapareció de un mes para otro.
La afiliación, que en España casi no existía. Un blog estadounidense enlazaba libros en Amazon y cobraba comisión. Un blog español no podía hacer eso con su público: amazon.es no abrió hasta el 14 de septiembre de 2011. Quien quisiera vender productos enlazaba a la tienda británica o estadounidense —con lectores que no iban a comprar allí— o pasaba por las redes de afiliación europeas, con formularios, altas por anunciante y pagos a noventa días. Cuatro años de retraso sobre el mercado que estaba inventando el modelo.
Los posts pagados y los enlaces vendidos. Aquí estaba el dinero rápido. Desde 2006 funcionaban mercados como PayPerPost, ReviewMe o SponsoredReviews, donde un anunciante pagaba por una reseña, y Text Link Ads hacía lo propio con enlaces alquilados por meses. Un blog con cierta autoridad podía sacar en un solo encargo lo que AdSense le daba en un trimestre. Casi nada de aquello se identificaba como publicidad.
Octubre de 2007: la purga
Google llevaba desde enero de 2005 empujando el atributo nofollow, una etiqueta que marca un enlace para que no transmita autoridad, y en la primavera de 2007 abrió un formulario para que cualquiera denunciara enlaces comprados. La amenaza se cumplió a finales de octubre de 2007: una actualización masiva rebajó el PageRank público de cientos de sitios que vendían enlaces, incluidos medios grandes y las propias plataformas que intermediaban. El PageRank visible en la barra era el único termómetro que usaban los compradores para fijar precios. Rebajarlo equivalía a tumbar la tarifa.
El efecto en España fue inmediato. Los blogs que sostenían el gasto con enlaces vendidos vieron cómo su tarifa se hundía en cuestión de semanas, y muchos cerraron o pasaron a publicar cuando apetecía. La otra parte de la blogosfera, la que había montado empresa —Weblogs SL, fundada en 2005 por Julio Alonso, con redactores en nómina y publicidad vendida directamente a anunciantes—, apenas se enteró. Ese fue el corte real: no entre blogs buenos y malos, sino entre quien tenía un comercial y quien tenía un formulario de una red extranjera.
Y ahora la parte que no encaja con el relato
| 2007 | Hoy | |
|---|---|---|
| Qué se cobra | El clic | La impresión (desde 2024) |
| Parte que se queda Google | Sin publicar | Publicado: 15 % lado compra + 20 % lado venta, ~68 % neto para el editor |
| Mínimo para cobrar | 100 dólares | 70 euros |
| Cómo llega el dinero | Cheque en dólares, con comisión bancaria | Transferencia |
| Afiliación local | Sin tienda española de Amazon | Programa local desde 2011 |
| Contenido pagado | Sin identificar, hasta la purga | Etiquetado obligatorio y atributo sponsored desde 2019 |
Todo lo que se quejaba la gente en 2007 ha mejorado. Se sabe qué comisión cobra Google, el umbral se paga en euros y por transferencia, se cobra por impresión en vez de depender de que alguien pinche, y existen redes locales que entonces no había. Un blog con el mismo tráfico que en 2007 gana hoy más por cada mil visitas de lo que ganaba entonces.
El problema es de dónde salen esas mil visitas. En 2007 un blog personal aparecía en los resultados de búsqueda junto a los medios, recibía enlaces de otros blogs que lo leían y podía llegar a portada de un agregador y comerse una tarde entera de tráfico. Ninguna de las tres cosas funciona igual: los resultados los ocupan los grandes, la costumbre de enlazar a otros se perdió con la migración a las redes sociales, y buena parte de las consultas se responden sin que nadie haga clic en ningún sitio.
El precio por mil ha subido. Lo que se ha evaporado son los miles. Quien tenga guardado un blog de aquella época y quiera comprobarlo tiene el experimento a mano: los paneles de estadísticas de hoy dan más detalle del que Google permitía publicar en 2007, y el contrato ya no impide contar el resultado.