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enero 14, 2007


The Blues Busters – I Don’t Know
Sombrero Club

enero 6, 2007


Va por vosotros.

Hay que ingerir distancia/lanudos nubarrones/secas parvas de siesta,
arena sin historia/llanura/vizcacheras/caminos con tropillas
de nubes/de ladridos/de briosa polvareda.
Hay que rumiar la yerba/que sazonan las vacas/con su orín/y sus colas;
la tierra que se escapa/bajo los alambrados/con su olor a chinita,
a zorrino/a fogata/con sus huesos de fósil/de potro/de tapera,
y sus largos mugidos/y sus guampas, al aire/de molino/de toro…
Hay que agarrar la tierra/calentita o helada/y comerla
¡comerla!

Porque lo dice Oliverio Girondo.

enero 5, 2007

Había olvidado lo jodido que puede llegar a ser tener fiebre. La última vez que las pasé canutas por su culpa, aparte de ayer, fue hace ya bastantes años y no sé cuántos grados llegó a subir mi temperatura corporal pero me mantuve asqueada con una pesadilla recurrente donde dos jinetes, uno rubio encima de un caballo blanco y otro moreno encima de un caballo negro (no podía ser de otra manera tampoco), se pasaban la vida yendo de un lado para otro del desierto, trotando muy elegantemente, muy bellos ellos pero también muy cansinos. No fue un sueño reconocido como tal, estaba despierta pero no podía sacarles de mi mente y terminé vomitando del agobio.
Ayer más de lo mismo, o peor, porque lo de los jinetes pasó a la historia y porque, supongo, siempre resulta más intenso lo que vivimos en el presente que lo que ya nos ha pasado. O no. Bueno, en este caso sí. Traté de movilizar a media ciudad entre sollozos y grititos ahogados para que se pusieran a mi merced ya que en mi estado estaba convencida de que se me iba a acabar el mundo como la cosa siguiera así. Horroroso. Deberían de inventar, si no lo han hecho ya, una nueva tortura con la que machacar a los malos consistente en hacerles sufrir la peor de las fiebres y que encima nadie les ayudara poniéndoles trapitos mojados en la frente y extremidades.
A mí sí me pusieron trapitos. Lo de meterme en la bañera con agua fría no pasó porque ahí sí que ya me hubiera líado a guantazos y porque, por suerte, no pasé de los 39º, si no que además gracias a los trapos húmedos colocados con desinteresado amor logré reducir mi temperatura a la esperada en un ser humano normal.
Y tal.
Que paséis un buen fin de semana. Yo seguro que sí. Seguro.

enero 2, 2007

Esta vez no me he olvidado de felicitar a mi madre por cumplir años.
A esto le llamo yo empezar bien el 2007.
Día 2. Ni recuerdo ya cuánto tiempo hace que no vemos el sol en esta ciudad. Lo que sí recuerdo es que hoy se terminaron mis vacaciones y todo vuelve a empezar.

diciembre 27, 2006

Aquí, vacilando de marido.
Hoy hace un mes que cumplí los 30.
Bon Nadal.

diciembre 22, 2006


Los Flechazos – Viviendo en la Era Pop

diciembre 21, 2006

El viernes, el último día de trabajo antes de empezar mis vacaciones y no vuelvo a verles las caras (al menos a la mayoría) hasta el dos de Enero. Me pregunto cómo será volver a todo eso, que en el fondo me gusta, después del día uno.
La agenda está apretada muy a mi pesar, me apetecía tranquilidad y poder pasar las máximas horas con R. haciendo nada o haciendo mucho mucho, pero hasta la casa estará apretada. ¿Dónde dormirán los perros? ¿Dónde dormirán los otros? ¿Dónde dormiremos nosotros?
Supongo que donde nos pille más cerca. Al sofá, pues no vamos al sofá.
Nada de villancicos ni chorradas. Nada de fer cagar al tió.
El otro día, no hace mucho, me llevé una carta para uno de los vecinos que estaba en nuestro buzón. Pensé que si el cartero/a había sido tan gilipollas de confundir su nombre, que no tiene nada que ver con los nuestros, o trabajaba a desgana y tanto le soplaba donde dejar las cartas, yo iba a ser incluso más gilipollas que él y me llevaría la carta. La abrí, la leí, era una postal navideña, me dio pena, me sentí mal y la tiré a la basura. No sé quién es ese tal David ni lo quiero saber. Lo primero que pensé fue en que a quién se le ocurre, en estos días que corren, mandar una carta y no un e-mail. Si lo hubiese hecho así yo no hubiera podido entrar en su cuenta de correo y me habría ahorrado sentirme mal por robar algo que no era mío.
¿No es mi culpa, verdad? La verdad que yo creo. Que el cartero hubiese llamado dos veces. Pienso. No siempre.

diciembre 17, 2006

Cuando la cosa no da para más o simplemente cuando es un sábado que has decidido quedarte en casa porque al día siguiente tienes que trabajar o porque cambiando la portada te parece que te hará escribir de manera más constante o cuando pierdes más tiempo pensando en el qué que en teclearlo. Eso es lo de menos. Lo de más es verme cómo cada año ando pagando, yo y otros chicuelos blogeros, eso sí, un dominio que apenas uso pero al cual me siento incapaz de renunciar. Podría subir emepetreses hasta reventar pero mis buenas maneras me lo impiden. Demasiados años dando la tabarra… me veo como una mosca cojonera que siempre está ahí aunque no haga nada. Me maravillo de mi misma.
Pasarán más de mil años y muchos más, hasta que seguro vuelva a escribir algo. Iba a decir ‘algo decente’ pero me parece una indecencia considerar que en algún momento haya podido escribir en este vuestro blog, el blog de todos, algo que haya gustado a alguien más que a los que me tienen cierto aprecio porque de normal y en estado sobrio, ni a mi me cae en gracia lo que me invento.

Del amor no voy a hablar porque una servidora se encuentra feliz como una perdiz, y las palabritas bonitas se las lleva el viento.