Las dificultades de amar : Diario de un Rocker

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Diario de un rocker

Diario personal o Blog de John Rolph. Página con escritos y artículos de opinión divididos en categorías y ordenados cronológicamente.

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Las dificultades de amar

De entre todas las experiencias que ofrece la vida, hay una que aparece tan complicada que cualquiera que intentase comprenderla, medirla o simplemente estudiarla nunca llegaría a conclusión alguna que no acabase por contradecirse a si misma. Este sentir que viene tan ligado a las emociones de las personas y que no nace sino entre ellas, es quizá el más inestable de los sentimientos, pues caprichoso e impredecible, extraño e impreciso, aparece sin avisar y tal como inesperado llega, inesperado en ocasiones se va, y tal como puede brindarnos la mayor felicidad también es capaz de causar el mayor de los sufrimientos. Sí, el amor; curiosa esencia que alimenta el existir de hombres y mujeres y permanece oculto en el camino de la vida para asaltarnos sin aviso y ofrecernos una razón para vivir. ¿Pues que sentido le quedaría a la vida si no naciera en ella el amor?

Pero el amor a veces es cruel, y cruel fue el amor con Laura, de quien si el lector me lo permite hoy narraré su historia, de la cual anticiparé que no sé si es más el recuerdo de una historia o una historia de un recuerdo.

Como decíamos Laura no tuvo suerte en el amor.
Había tenido ella algunas relaciones con chicos en los años de instituto, pero no podía tomarlas en serio, se trataban de historias breves cargadas más de cariño y predisposición, que de sentimientos y de verdad. No fue hasta el primer año en la universidad que comenzó lo que podríamos tachar de autentica relación. Se enamoró de un chico algo mayor, que sin duda era guapo y gozaba de cierta fama o popularidad entre los compañeros. Cabe decir que Laura siempre fue una chica atractiva, quizá no tenía una de esas bellezas que deslumbran a primera vista pero sí estaba cargada de feminidad, y su esbelta figura en conjunción con una de las sonrisas más dulces que se pueden imaginar la convertían en una mujer bonita y apetecible.
Aquella primera relación debió durar algunos meses, quizá más de seis pero menos de diez y cuando terminó, los mismos motivos que causaron su ruptura parecieron el preludio de lo que en adelante debía llegar.
Él la engañó pero no lo hizo con cualquiera sino con una de sus mejores amigas, y cuando hubo de darle explicaciones, con tono de despreocupación le dijo que no era nada personal, que simplemente había perdido el encanto.

Hay quien asegura que en una relación siempre hay uno que quiere y otro que se deja querer, yo no sé si esto será cierto pero sí puedo asegurar que en el caso que lo sea, Laura siempre fue y será la persona que quiere más.

Decía que aquella primera ruptura – la cual, y más tratándose de un primer amor rasgó el corazón de Laura dejando una herida perenne – fue sólo el inicio de lo que tenía que venir. Aun en el ultimo curso de la carrera comenzó a salir con otro chico, el cual resultó ser una de esas personas que se dejan llevar por los celos, y a pesar de que la quería – y como cualquier celoso que se precie – se quería más a si mismo. La ruptura fue bastante dura y en esta ocasión fue ella quien terminó la relación.
Unos años después conoció a un chico en una discoteca, que quizá la conquistó más que por sus virtudes humanas por su terrible seguridad en si mismo. Era éste un tipo despreocupado y arrogante, que resultó también en exceso violento y posesivo. Nunca la trató bien, pero como decíamos el amor es extraño y a pesar de que ella no era feliz, tampoco podía vivir sin él, la seguridad del chico cubría la carencia y los temores de Laura. Esa relación terminó el día que él le puso la mano encima por primera vez, y no habría sido posible la ruptura de no ser por el apoyo de una buena amiga que conoció en aquel entonces, quien a través de la amistad, le brindó el amparo necesario que se requiere en esas situaciones.

Desde aquel entonces pasaron los años y el corazón de Laura cerró sus puertas, y tal y como trataba de mantenerse al margen de su vida sentimental se volcó en su trabajo y su nivel de vida mejoró progresivamente, y en pocos años ocupaba un importante cargo en una empresa de marketing y publicidad.
A su frente, entre compañeros de trabajo era respetada y admirada, pero como suele pasar y más entre esta extraña raza que son los publicistas, a sus espaldas era criticada con sarcasmo y la tildaron con cierta mala fortuna con el sobrenombre de “la insatisfecha”. Tal mote, venia por supuesto acompañado en las horas frente a la maquina de café de comentarios, especulaciones y observaciones jocosas, entre los cuales destaremos únicamente los que se referían a una supuesta homosexualidad por parte de ella. Uno de los motivos que alimentaban esta idea, era que todos sabían – Y es que hay cosas que por algún curioso motivo por privadas que sean se extienden con suma facilidad – que desde hacia bastantes años ella compartía piso con una chica un tanto carente de – digamos – exagerada feminidad, la cual en ocasiones venía a recogerla a la oficina, es sí, siempre un tanto a escondidas.

Y por gracia o por desgracia aquellos comentarios no eran del todo desacertados, pues tal compañera quien respondía al nombre de Marta y en su día ayudó a Laura a superar aquella cruda relación de su pasado, era en efecto lesbiana declarada.
Laura siempre sospechó la homosexualidad de su compañera ya que ésta nunca le habló de chicos, y esto entre mujeres es algo muy poco habitual. Pero no confirmó sus sospechas hasta que una noche en la celebración del vigésimo cuarto aniversario de nuestra protagonista, entre risas, bromas y quizás excesivas copas de cava ésta la besó, y no fue sólo por cariño.
Laura jamás había besado a otra mujer, bueno quizá sí en su época de estudiante pero nunca con sentimientos verdaderos, más bien como simples juegos o experiencias que muchos alguna vez deciden probar o sentir. Pero aquel beso fue diferente.
Recordemos que Laura tenía el corazón roto – y no precisamente sin falta de motivos – y había cerrado prácticamente sus emociones hacia los hombres. Cuando Marta la besó y sintió la humedad de sus labios en su boca, notó en todo el cuerpo un escalofrío que acompañaba a una sensación que ya tenía olvidada por el paso del tiempo. En un principio se sintió reticente, no acababa de entender que es lo que ocurría, ella quería a Marta sobre eso no le cabía duda alguna, pero nunca la vio como algo más que una amiga; una buena amiga con la que compartir lo bueno y lo malo y con quien convivía anocheceres y despertares. Quizá fueron esos pensamientos que se producían mientras sus labios se acariciaban mutuamente y sus dientes se rozaban con suavidad o quizá fue el deseo que ardía en su interior como mujer y que nadie había sofocado desde hacia demasiado tiempo, pero se dejo llevar, y aquella noche ese primer beso fue entre ellas un preludio a un mayor placer.
Laura estaba desorientada, y tuvo que ceder la iniciativa a su compañera quien la aceptó con sumo gusto, al principio temblaba, y al roce del tacto de las manos de Marta sentía como sus nervios se agitaban, su voz se entrecortaba y su piel se estremecía, pero luego la excitación dio paso a una calma excelsa y la jovialidad entre las chicas permitió un fabuloso entendimiento sexual. No cesaron las charlas entre las mujeres mientras duró aquella primera vez, y entre sonrisas y placer se escurrían las preguntas y las explicaciones. Marta confesó que había tenido relaciones con otras chicas y le contaba con cariño que una mujer siempre podría ofrecer más placer a otra que cualquier hombre, pues podía aplicar su sentir a una compañera a sabiendas de que era lo que necesitaba. Le dijo que las chicas eran más dulces y pacientes, y que las practicas lésbicas siempre eran más placenteras. Le explicó que la sociedad cada vez asumía con más facilidad una verdad tan real como la homosexualidad y explicó que todos en la vida tenemos un yo homosexual el cual no asomaba muchas veces simplemente por vergüenza o desconocimiento, y Laura, entre gemidos, se dejó convencer.

Efectivamente aquella fue sólo una primera vez que se repitió hasta la saciedad en sus noches compartidas, y con el paso del tiempo ambas chicas descubrieron mutuamente su sexualidad. Laura nunca entendió del todo la situación y a pesar de aceptar su nueva condición y sentir que Marta la había hecho mujer como ningún hombre logró hacerla en el pasado no quiso reconocer públicamente su condición, posiblemente esto fuera provocado más por su propia inseguridad que por el pensamiento de los demás, pero en cualquier caso era algo que exasperaba a Marta quien, por supuesto, estaba totalmente disconforme con la actitud de su compañera.

Pasaba el tiempo y su vida social estaba en un momento que resultaba dulce, su situación económica les permitían continuas escapadas en busca de placer, y las noches del fin de semana en la ciudad se repetían cada vez con mas asiduidad en selectos clubes de ambiente «sólo para ellas» donde compartían charlas, conversaciones y experiencias con otras parejas de mujeres que se amaban.
El paso del tiempo, el mayor contacto con otras chicas en su misma situación, las inexorables conversaciones con Marta y su plena satisfacción sexual, sumadas al cada vez más presente olvido de su pasado, lograron que Laura cumpliese el anhelo de su compañera, y decidieron comprometerse de forma oficial y se establecieron al poco como pareja de hecho. Fue complejo hacer frente a la situación en la oficina, pero todos acabaron asumiéndolo, y poco a poco las bromas desaparecieron y los comentarios a hurtadillas perdieron su valor.

Fueron años bonitos, que llegó Laura llegó a creer como su más clara posibilidad de futuro, y ante los cuales sus dudas se desvanecían. El mismo año que Laura cumplió los veintiocho se plantearon la posibilidad de adoptar un niño, o asistir a una sesión de fertilización, pues cierto es que también a cierta edad, la mujer, indiferentemente a su condición sexual siente esa llamada de la naturaleza que invita a la procreación, y Laura desde que fue niña siempre soñó con traer al mundo una criatura. Tal hecho vino acompañado de cierta discrepanacia por parte de Marta, que algunos años más joven que Laura no creía que fuera aun el momento adecuado.

Marta siempre sintió una especie de odio ante los hombres y a pesar de la confianza con su pareja nunca le dio razones a su compañera al respecto, siempre que surgía el tema Marta decía que simplemente ella era así, Laura nunca creyó del todo estas afirmaciones pero jamás insistió más de la cuenta. La cuestión es que a raíz de aquella conversación al respecto de la criatura Marta cambió, y sus reticencias ante los hombres se acrecentaron. Las críticas hacia parejas heterosexuales se hacían cada vez más presentes y los elogios hacia quienes tomaban el camino de la homosexualidad se solidaron. Esto resultaba algo incomodo en Laura, ya que ella no quiso jamás hacer diferencias ante estos hechos, sino que simplemente lo tomaba todo como una simple elección que no hacia discrepancias entre el mundo hetero y el gay. Precisamente estos días que pasaron las llevaron hacia sus primeras discusiones como pareja, que aunque no trascendieron de manera importante pues ambas chicas se querían y respetaban lo suficiente para solucionar los problemas como personas adultas, no dejaron de tener su importancia.

Ocurrió entonces lo inimaginable. Algunos lo llamarán, destino, otros lo llamarán casualidad, yo prefiero no dar nombre a estos entes y simplemente lo considero como cosas que pasan porque han de pasar, sin más, sin buscar explicación y sin buscar causa.

Hacia poco tiempo que debido a un importante ascenso de Laura en su empresa la trasladaron a la ciudad de Barcelona, donde ambas se instalaron en un precioso apartamento en una zona alta del barrio de Sarriá. Tal hecho parecía insinuar un próspero futuro para ambas, pero no fue así.
Había por aquel entonces un pequeño bar cerca de la empresa de Laura un pequeño snack-bar el cual por su diseño interesante y minimalista se convirtió en un lugar ideal y habitual para el coffe-break de la mañana. Tras la barra estaba siempre Carlos, uno de esos chicos que alrededor de su carácter amable y extrovertido se dibuja un aura de luz que atrae a cualquiera. Con una sonrisa cautivadora y unos ojos verdes que no dejaban a nadie indiferente, conocía a todos y todos le conocían a él. Era quizá su arrolladora personalidad lo que lograba que a cualquier hora su local estuviese siempre lleno a rebosar.
La primera vez que Laura tomó lugar en la barra con una compañera y sin apenas levantar la vista, pidió un café. Él se quedó quieto y con una mueca que insinuaba una sonrisa miró fijamente a nuestra protagonista, la cual, como quien siente la relativa incomodidad de ser observado, en ese momento sí que levantó la mirada, la cual se encontró con la del chico. Entonces un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba abajo dejándola desarmada ante aquella situación, y si no supo que decir en aquel momento frente a la mirada de aquel tipo descarado y sonriente, y si tal hecho ya la tomó, por empezar, desprevenida. Se sintió totalmente perdida cuando sin dejar de sonreír un solo instante este petulante guapísimo añadió sin titubear: «Perdona, pero estaba pensando que si te cobro un impuesto por belleza no vas poder pagarme el café»

Aquellos segundos se hicieron eternos, y Laura no pudo observar la sonrisa que apareció en la cara de su compañera de trabajo, sólo sentía que las palabra se le atascaban en la garganta, y hubiera dado la impresión de ser la más frívola de las mujeres, si su airada respuesta no hubiese tardado tanto en aparecer: «Mejor me voy a otro lugar donde no tenga que aguantar estupideces para que me sirvan un café» Dicho esto, se levantó con una mueca de desprecio y tomando por el brazo a su compañera se dirigió, fingiéndose lo más ofendida que pudo, hacia la puerta del local, salió, y cuando con una expresión que denotaba casi odio, miró a través del cristal a aquel impertinente, descarado, maleducado e irremediablemente guapísimo joven, le vio con esa maldita y embriagadora sonrisa balanceando el bolso que ella había olvidado sobre el mostrador. Se vio obligada a entrar de nuevo para recogerlo y al hacerlo, le apuntó con la más furiosa de las miradas que le fue posible y afiló su lengua para responder a cualquier nueva ocurrencia por parte del chico, pero éste no dijo absolutamente nada, se limitó a prestarle el bolso con aquella inacabable sonrisa, y ella llegó a maldecirle por ello en sus mas hondos pensamientos. Luego salió de nuevo del local, caminó seria y apresurada junto a su compañera unos metros y cuando casi por casualidad se cruzaron sus miradas, les aparecieron dos sonrisas bajo la nariz que explotaron en un aluvión de carcajadas.

Aquella tarde, en la oficina, llegó a su mesa un ramo de rosas con una tarjeta que decía así: «Debido a la inefable, trágica y lamentable actitud de este camarero que no supo resistirse a sus encantos, ha de saber señorita que queda usted invitada a una taza de café, la cual será servida con la mayor de las seriedades y la más humilde de las discreciones. Att: Una feliz victima de su belleza y temperamento»

Podría explicar como transcurrieron aquellos días y como aquella taza de café dio paso a muchas otras, y también cuando fue la primera vez se encontraron fuera del local. Podría comentar al respecto de la lucha interior que se despertó en Laura, y la frustración y el dolor de Marta al ser informada de lo que ocurría. Podría adjetivar e inundar el relato con los magníficos instantes que Carlos y Laura pasaron juntos, pero no lo haré, sino que me limitaré a describir su primer beso y sólo para decir que cuando los labios de ella rozaron los de él, no hubo inseguridad, ni preocupación, ni dudas, ni temores, y fue aquella la primera ocasión en su vida que Laura, sintió esa curiosa esencia que alimenta el existir de hombres y mujeres nos ofrece una razón para vivir

pareja.jpg

Redactado por John Rolph at Marzo 23, 2004 04:22 PM
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Y es que así de caprichoso resulta a veces el amor. Podemos tratar de evitarlo, disfrazarlo y esconderlo tantas veces como sintamos, deseemos o creamos necesario, que él a pesar de todo estará siempre al acecho y cuando nos asalte nadie podrá evitar caer en sus redes, pues él es inevitable y nunca atiende ni a motivos ni a razones.

Añadido por: Johny en Marzo 23, 2004 04:23 PM

Mañana postearé tu post (valga la redundancia 🙂 de «La estirpe de la tormenta», espero que te guste la foto y la música que he escogido para ello. 🙂

bikos

Añadido por: lua en Marzo 23, 2004 04:38 PM

Es un tema simple y a la vez complejo, y no tengo propiedad para aportar mucho sobre él. Pero recuerdo una frase que leí en El Principito de Saint-Exupery «Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.» pero no excluiría lo de mirarse el uno al otro, además que agregaría «descubrirse el uno al otro».

Añadido por: Maribel en Marzo 23, 2004 08:47 PM

Super bueno ….

Añadido por: CeCiCa en Marzo 24, 2004 03:22 PM

Encanto el dia que cobres por estos post´s pienso hacerme un bono!!!

Me gusta la frase, (no quien la canta eh), pero le queda bien a este relato.

….» ya ves mi vida, las vueltas que da la vida»…

Añadido por: Yoli en Marzo 24, 2004 06:11 PM

que es fan pikutara?

Añadido por: Juanito en Marzo 25, 2004 07:17 AM

Hubiera preferido otro final y hay alguna frase que me quedo en duda si rebatirte o si he entendido mal. En cualquier caso, la historia está muy bien escrita (como siempre) y sabes darle ese atractivo que te hace llegar hasta el final rapidamente.

A Juanito. No sé que tiene que ver «fan pikutara» con todo esto, pero bueno. En euskera se usa como «Vete a la mierda» o algo similar, aunque literalmente es bastante más duro. Literalmente significa «Vete a la picota».

Cogido de la RAE: picota.
(De pico1 y pica1).
1. f. Rollo o columna de piedra o de fábrica, que había a la entrada de algunos lugares, donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados, o los reos.

Repito que es una expresión, una frase hecha y no se utiliza con el significado literal. De hecho, no todos los que usan esta frase conocen su significado o procedencia. También es el titulo de una canción de «The Kagas».

Añadido por: Groucho en Marzo 28, 2004 09:46 AM

Por cierto John, a ver cuando nos vemos por (m) que tengo un porrón de urls pa darte.

Añadido por: Groucho en Marzo 29, 2004 02:39 PM

La verdad es que esta historia es bastante buena incluso para no recordar «si es más el recuerdo de una historia o una historia de un recuerdo».

El tema esta tratado muy bien y me ha mantenido interesado de principio a fin, en fin, que me ha gustado bastante. Saludos.

Añadido por: Seifil en Marzo 29, 2004 03:59 PM

excelente articulo! me mantuvo pegado hasta el final..o es que no hubo un final? sera interesante conocer como es eso de ser «feliz» sin las inseguridades que eso abriga, por que segun entiendo, o dejas entender la protagonista es feliz y segura de si misma?

saludos~

Añadido por: Link en Marzo 30, 2004 05:42 AM

Pues ya estoy aquí, lamento el retraso en mis respuestas, pero esta semana apenas tuve tiempo de nada.

lua: Ya te dejé el comentario allí, gracias y más bikos

Mary: Estoy totalmente de acuerdo contigo, y lo mejor quizá sea que en el amor parece que siempre hay algo que descubrir en el otro, y por qué no, también que aprender 🙂 Gracias por tus palabras y la cita, un besazo.

Cecica: Muchas gracias

Yoli: Sabes que es un placer que mis líneas sean de tu gusto Yoli, y no necesitas bono alguno, siempre estarán disponibles para ti.

Juanito: Manzanas traigo.

Groucho: Pues me dejas ahora con la duda.. ¿Qué final hubiera sido de tu gusto Groucho?, Sobre rebatir, bueno una critica siempre será bienvenida 😉 Gracias, me alegra que te haya sido amable su lectura, y gracias también por solventar la duda surrealista de juanito!

Groucho2: Esta semana he estado prácticamente desaparecido, en mi papel de cicerone apenas tuve tiempo para acercarme al ordenador.

Seifil: Supongo que es como la vida misma Seifil, en ocasiones cuando tenemos conocimiento o causa de ciertas vivencias y estas se mezclan con experiencias ya adquiridas, los recuerdos se tornan difusos y al dar vida sobre el papel a lo ocurrido en forma de historia ambas se mezclan. En cualquier caso me alegra que haya sido de tu gusto.

Link: El final es abierto. Supongo que si tuviese que extraer una especie de moraleja de la historia, ésta trataría de demostrar, que en ocasiones, cuando creemos estar seguros de nuestros sentimientos es cuando más confundidos estamos, y es que bajo mi opinión personal el amor es muy claro y cuando hay confusión es que quizá no haya amor.

Gracias a todos y a cada uno por vuestras aportaciones y comentarios

Añadido por: Johny en Marzo 31, 2004 07:30 PM

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